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		<title><![CDATA[Sonett-Forum - Osete, Antonio]]></title>
		<link>https://sonett-archiv.com/forum/</link>
		<description><![CDATA[Sonett-Forum - https://sonett-archiv.com/forum]]></description>
		<pubDate>Wed, 22 Apr 2026 09:00:05 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[En la Catedral de Toledo]]></title>
			<link>https://sonett-archiv.com/forum/showthread.php?tid=8599</link>
			<pubDate>Sat, 11 Sep 2010 09:00:36 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://sonett-archiv.com/forum/member.php?action=profile&uid=1">ZaunköniG</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://sonett-archiv.com/forum/showthread.php?tid=8599</guid>
			<description><![CDATA[En la Catedral de Toledo<br />
<br />
<br />
	   Al mirar este gótico portento		<br />
	que el poder de los siglos desafía,		<br />
	a impulsos de exaltada fantasía		<br />
	se estremece el humano pensamiento.		<br />
<br />
<br />
	   Desde el mármol del rico pavimento	 	<br />
	a la cruz que las nubes desafía,		<br />
	todo es arte y amor y poesía		<br />
	y hermosura y belleza y sentimiento.		<br />
<br />
<br />
	   Absorta el alma ve su mole ingente;		<br />
	como leyendo en insondable arcano,	 	<br />
	humíllase con pasmo reverente,		<br />
<br />
<br />
	   y, de su autor al bendecir la mano,		<br />
	adora en el Señor Omnipotente,		<br />
	que dio al hombre poder tan soberano.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En la Catedral de Toledo<br />
<br />
<br />
	   Al mirar este gótico portento		<br />
	que el poder de los siglos desafía,		<br />
	a impulsos de exaltada fantasía		<br />
	se estremece el humano pensamiento.		<br />
<br />
<br />
	   Desde el mármol del rico pavimento	 	<br />
	a la cruz que las nubes desafía,		<br />
	todo es arte y amor y poesía		<br />
	y hermosura y belleza y sentimiento.		<br />
<br />
<br />
	   Absorta el alma ve su mole ingente;		<br />
	como leyendo en insondable arcano,	 	<br />
	humíllase con pasmo reverente,		<br />
<br />
<br />
	   y, de su autor al bendecir la mano,		<br />
	adora en el Señor Omnipotente,		<br />
	que dio al hombre poder tan soberano.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Los dolores de la Virgen (9)]]></title>
			<link>https://sonett-archiv.com/forum/showthread.php?tid=8598</link>
			<pubDate>Sat, 11 Sep 2010 09:00:11 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://sonett-archiv.com/forum/member.php?action=profile&uid=1">ZaunköniG</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://sonett-archiv.com/forum/showthread.php?tid=8598</guid>
			<description><![CDATA[Los dolores de la Virgen<br />
<br />
<br />
<br />
Invocación<br />
<br />
<br />
	   Ecos fugaces de la selva umbría,		<br />
	murmullos de arroyuelos bullidores,		<br />
	suspiros de canoros ruiseñores,		<br />
	confusas notas de la mar bravía;		<br />
<br />
<br />
	   venid a secundar la lira mía,	 	<br />
	que ha menester de fuerzas superiores,		<br />
	y en mágico conjunto de primores		<br />
	cantaré los tormentos de María.		<br />
<br />
<br />
	   Tú, Madre celestial, a cuyo manto		<br />
	se acoge el triste trovador sincero;	 	<br />
	muéstrame las grandezas de tu llanto.		<br />
<br />
<br />
	   Cantar tus penas cual merecen quiero;		<br />
	dirige tú mi plañidero canto		<br />
	y escuchará mi voz el mundo entero.		<br />
<br />
<br />
<br />
I<br />
<br />
<br />
	   Apenas el lucero matutino,		<br />
	presentóse en la bóveda azulada,		<br />
	dejan José y María su morada		<br />
	llevando en brazos a Jesús divino.		<br />
<br />
<br />
	   Las flores que guarnecen el camino	 	<br />
	se yerguen para verlos de pasada,		<br />
	y Ellos siguen su marcha acelerada		<br />
	sin presentir los triste de su sino.		<br />
<br />
<br />
	   ¡Oh Templo de Sión! Yo te saludo		<br />
	con voz ferviente, de suspiros llena,	 	<br />
	y ante tus gradas me prosterno mudo;		<br />
<br />
<br />
	   que hoy en ti se consuma la alta escena		<br />
	en que, a la voz de Simeón, sacudo		<br />
	el primer eslabón de mi cadena.		<br />
<br />
<br />
<br />
II<br />
<br />
<br />
	   Obedeciendo celestial aviso,		<br />
	con alma triste y con el cuerpo yerto,		<br />
	la Sagrada Familia huye al desierto,		<br />
	sin prepararse ni lo más preciso.		<br />
<br />
<br />
	   En su curso anhelante e indeciso,	 	<br />
	siempre a sus ojos el abismo abierto,		<br />
	cuando es su rudo parecer más cierto		<br />
	exclama resignada: -Dios lo quiso- 		<br />
<br />
<br />
	   ¡Flor la más delicada de las flores!		<br />
	¡Oh Virgen! ¿Cómo puede tu ternura	 	<br />
	sufrir de tanto daño los rigores?	<br />
<br />
<br />
	   Mas ¡ay! el cáliz de vapor apura...		<br />
	¿Qué sería sin eso tus dolores		<br />
	de aquesta miserable criatura?		<br />
<br />
<br />
<br />
III<br />
<br />
<br />
	   -¿Habéis visto al amor del alma mía?-		<br />
	pregunta a todos con afán prolijo		<br />
	al verse sola sin su amado hijo,		<br />
	la tan afligidísima María.		<br />
<br />
<br />
	   Un vértigo de amor sus pasos guía	 	<br />
	y busca por doquier sin rumbo fijo,		<br />
	y no hay calle ni plaza ni escondrijo		<br />
	que se cierre a su bárbara agonía.		<br />
<br />
<br />
	   Sapientísima y alta Providencia:		<br />
	¿do está Jesús que no oye tanto duelo?	 <br />
	¿qué lugar santifica su presencia?		<br />
<br />
<br />
	   Vedle en el templo: esparce con anhelo		<br />
	las primeras semillas de una ciencia		<br />
	que puede hacer de nuestro mundo un cielo.		<br />
<br />
<br />
<br />
IV<br />
<br />
<br />
	   Todo inspira doquier duelo y pavura:		<br />
	el sol que apenas arde, el triste acento		<br />
	del aire enrarecido, y el lamento		<br />
	de Jesús en la calle de Amargura.		<br />
<br />
<br />
	   Rompiendo de la turba la espesura,	 <br />
	ya sin color y casi sin aliento,		<br />
	cual paloma impedida por el viento		<br />
	corre hacia el Salvador la Virgen pura.		<br />
<br />
<br />
	   Anhelosa lo llama a su regazo,		<br />
	y, aunque a entrambos el paso se les cierra,	 	<br />
	al fin se funden en estrecho abrazo;		<br />
<br />
<br />
	   y el miserable pecador se aterra,		<br />
	sin saber que ese nudo es un abrazo		<br />
	que sen dan hoy los cielos con la tierra.		<br />
<br />
<br />
<br />
V<br />
<br />
<br />
	   ¿Cómo podrá expresa mi baja lira		<br />
	con fieles vibraciones el quebranto		<br />
	de la Madre del Dios tres veces santo		<br />
	que abrazada a la cruz hondo suspira?		<br />
<br />
<br />
	   ¡Nube de horrores por la mente gira	 	<br />
	que baja al corazón trocada en llanto,		<br />
	y, al querer entonar fúnebre canto,		<br />
	sobreexcitada la razón delira.		<br />
<br />
<br />
	   ¡Oh de Dios y los hombres santa Madre!		<br />
	Plegue a tu sacratísimo derecho	 <br />
	que tu negra aflicción a mi alma cuadre		<br />
<br />
<br />
	   y que, en mi llanto abrasador deshecho,		<br />
	la misma espada que te hirió taladre		<br />
	la víscera amorosa de mi pecho.		<br />
<br />
<br />
<br />
VI<br />
<br />
<br />
	   Cubre negro crespón el firmamento,		<br />
	riñen los mundos infernal batalla,		<br />
	embravecido el mar rompe su valla		<br />
	y silba desatado y seco el viento.		<br />
<br />
<br />
	   De las piedras escúchase el lamento,	 	<br />
	el trueno airado zumba, el rayo estalla,		<br />
	y, temblando la cruz en que se halla,		<br />
	lanza el Hijo de Dios su último aliento.		<br />
<br />
<br />
	   En medio del desorden y la muerte		<br />
	preséntase la Madre dolorida	 <br />
	y en sus brazos recoge a su hijo inerte;		<br />
<br />
<br />
	   y lo oprime y lo besa estremecida		<br />
	cual si le fuese dada tanta suerte		<br />
	que pudiese otra vez darle la vida.		<br />
<br />
<br />
<br />
VII<br />
<br />
<br />
	   ¡Ya no existe Jesús! Pesada losa		<br />
	aprisiona sus lívidos despojos.		<br />
	¿Y María? Doquier lanza los ojos		<br />
	halla la soledad más espantosa.		<br />
<br />
<br />
	   Al ver tal duelo, la encendida rosa	<br />
	temblando oculta sus colores rojos,		<br />
	y al presenciar el ave sus enojos		<br />
	pliega el vuelo y se oculta silenciosa.		<br />
<br />
<br />
	   Todo ofrece señales de tristeza:		<br />
	desde el negro crespón del firmamento	 <br />
	hasta el frío tapiz de la maleza		<br />
<br />
<br />
	   se oye con voz sin timbre este lamento:		<br />
	-Si así siente la gran naturaleza,		<br />
	¿quién mide de María el sufrimiento?		<br />
<br />
<br />
<br />
Conclusión<br />
<br />
<br />
	   Ecos fugaces de la selva umbría,		<br />
	murmullos de arroyuelos bullidores,		<br />
	suspiros de canoros ruiseñores,		<br />
	confusas notas de la mar bravía;		<br />
<br />
<br />
	   los que auxiliasteis a la lira mía,	 	<br />
	al cantar de la Virgen los dolores,		<br />
	recibir de mi pecho los favores		<br />
	que os devuelvo dichoso en este día.		<br />
<br />
<br />
	   Tú, Madre celestial, a cuyo manto		<br />
	se acoge el triste trovador sincero;	 <br />
	recibe con amor mi pobre canto.		<br />
<br />
<br />
	   Yo, en la empresa, feliz me considero;		<br />
	pues si pensé morirme al ver tu llanto		<br />
	eterna vida por tu llanto espero.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Los dolores de la Virgen<br />
<br />
<br />
<br />
Invocación<br />
<br />
<br />
	   Ecos fugaces de la selva umbría,		<br />
	murmullos de arroyuelos bullidores,		<br />
	suspiros de canoros ruiseñores,		<br />
	confusas notas de la mar bravía;		<br />
<br />
<br />
	   venid a secundar la lira mía,	 	<br />
	que ha menester de fuerzas superiores,		<br />
	y en mágico conjunto de primores		<br />
	cantaré los tormentos de María.		<br />
<br />
<br />
	   Tú, Madre celestial, a cuyo manto		<br />
	se acoge el triste trovador sincero;	 	<br />
	muéstrame las grandezas de tu llanto.		<br />
<br />
<br />
	   Cantar tus penas cual merecen quiero;		<br />
	dirige tú mi plañidero canto		<br />
	y escuchará mi voz el mundo entero.		<br />
<br />
<br />
<br />
I<br />
<br />
<br />
	   Apenas el lucero matutino,		<br />
	presentóse en la bóveda azulada,		<br />
	dejan José y María su morada		<br />
	llevando en brazos a Jesús divino.		<br />
<br />
<br />
	   Las flores que guarnecen el camino	 	<br />
	se yerguen para verlos de pasada,		<br />
	y Ellos siguen su marcha acelerada		<br />
	sin presentir los triste de su sino.		<br />
<br />
<br />
	   ¡Oh Templo de Sión! Yo te saludo		<br />
	con voz ferviente, de suspiros llena,	 	<br />
	y ante tus gradas me prosterno mudo;		<br />
<br />
<br />
	   que hoy en ti se consuma la alta escena		<br />
	en que, a la voz de Simeón, sacudo		<br />
	el primer eslabón de mi cadena.		<br />
<br />
<br />
<br />
II<br />
<br />
<br />
	   Obedeciendo celestial aviso,		<br />
	con alma triste y con el cuerpo yerto,		<br />
	la Sagrada Familia huye al desierto,		<br />
	sin prepararse ni lo más preciso.		<br />
<br />
<br />
	   En su curso anhelante e indeciso,	 	<br />
	siempre a sus ojos el abismo abierto,		<br />
	cuando es su rudo parecer más cierto		<br />
	exclama resignada: -Dios lo quiso- 		<br />
<br />
<br />
	   ¡Flor la más delicada de las flores!		<br />
	¡Oh Virgen! ¿Cómo puede tu ternura	 	<br />
	sufrir de tanto daño los rigores?	<br />
<br />
<br />
	   Mas ¡ay! el cáliz de vapor apura...		<br />
	¿Qué sería sin eso tus dolores		<br />
	de aquesta miserable criatura?		<br />
<br />
<br />
<br />
III<br />
<br />
<br />
	   -¿Habéis visto al amor del alma mía?-		<br />
	pregunta a todos con afán prolijo		<br />
	al verse sola sin su amado hijo,		<br />
	la tan afligidísima María.		<br />
<br />
<br />
	   Un vértigo de amor sus pasos guía	 	<br />
	y busca por doquier sin rumbo fijo,		<br />
	y no hay calle ni plaza ni escondrijo		<br />
	que se cierre a su bárbara agonía.		<br />
<br />
<br />
	   Sapientísima y alta Providencia:		<br />
	¿do está Jesús que no oye tanto duelo?	 <br />
	¿qué lugar santifica su presencia?		<br />
<br />
<br />
	   Vedle en el templo: esparce con anhelo		<br />
	las primeras semillas de una ciencia		<br />
	que puede hacer de nuestro mundo un cielo.		<br />
<br />
<br />
<br />
IV<br />
<br />
<br />
	   Todo inspira doquier duelo y pavura:		<br />
	el sol que apenas arde, el triste acento		<br />
	del aire enrarecido, y el lamento		<br />
	de Jesús en la calle de Amargura.		<br />
<br />
<br />
	   Rompiendo de la turba la espesura,	 <br />
	ya sin color y casi sin aliento,		<br />
	cual paloma impedida por el viento		<br />
	corre hacia el Salvador la Virgen pura.		<br />
<br />
<br />
	   Anhelosa lo llama a su regazo,		<br />
	y, aunque a entrambos el paso se les cierra,	 	<br />
	al fin se funden en estrecho abrazo;		<br />
<br />
<br />
	   y el miserable pecador se aterra,		<br />
	sin saber que ese nudo es un abrazo		<br />
	que sen dan hoy los cielos con la tierra.		<br />
<br />
<br />
<br />
V<br />
<br />
<br />
	   ¿Cómo podrá expresa mi baja lira		<br />
	con fieles vibraciones el quebranto		<br />
	de la Madre del Dios tres veces santo		<br />
	que abrazada a la cruz hondo suspira?		<br />
<br />
<br />
	   ¡Nube de horrores por la mente gira	 	<br />
	que baja al corazón trocada en llanto,		<br />
	y, al querer entonar fúnebre canto,		<br />
	sobreexcitada la razón delira.		<br />
<br />
<br />
	   ¡Oh de Dios y los hombres santa Madre!		<br />
	Plegue a tu sacratísimo derecho	 <br />
	que tu negra aflicción a mi alma cuadre		<br />
<br />
<br />
	   y que, en mi llanto abrasador deshecho,		<br />
	la misma espada que te hirió taladre		<br />
	la víscera amorosa de mi pecho.		<br />
<br />
<br />
<br />
VI<br />
<br />
<br />
	   Cubre negro crespón el firmamento,		<br />
	riñen los mundos infernal batalla,		<br />
	embravecido el mar rompe su valla		<br />
	y silba desatado y seco el viento.		<br />
<br />
<br />
	   De las piedras escúchase el lamento,	 	<br />
	el trueno airado zumba, el rayo estalla,		<br />
	y, temblando la cruz en que se halla,		<br />
	lanza el Hijo de Dios su último aliento.		<br />
<br />
<br />
	   En medio del desorden y la muerte		<br />
	preséntase la Madre dolorida	 <br />
	y en sus brazos recoge a su hijo inerte;		<br />
<br />
<br />
	   y lo oprime y lo besa estremecida		<br />
	cual si le fuese dada tanta suerte		<br />
	que pudiese otra vez darle la vida.		<br />
<br />
<br />
<br />
VII<br />
<br />
<br />
	   ¡Ya no existe Jesús! Pesada losa		<br />
	aprisiona sus lívidos despojos.		<br />
	¿Y María? Doquier lanza los ojos		<br />
	halla la soledad más espantosa.		<br />
<br />
<br />
	   Al ver tal duelo, la encendida rosa	<br />
	temblando oculta sus colores rojos,		<br />
	y al presenciar el ave sus enojos		<br />
	pliega el vuelo y se oculta silenciosa.		<br />
<br />
<br />
	   Todo ofrece señales de tristeza:		<br />
	desde el negro crespón del firmamento	 <br />
	hasta el frío tapiz de la maleza		<br />
<br />
<br />
	   se oye con voz sin timbre este lamento:		<br />
	-Si así siente la gran naturaleza,		<br />
	¿quién mide de María el sufrimiento?		<br />
<br />
<br />
<br />
Conclusión<br />
<br />
<br />
	   Ecos fugaces de la selva umbría,		<br />
	murmullos de arroyuelos bullidores,		<br />
	suspiros de canoros ruiseñores,		<br />
	confusas notas de la mar bravía;		<br />
<br />
<br />
	   los que auxiliasteis a la lira mía,	 	<br />
	al cantar de la Virgen los dolores,		<br />
	recibir de mi pecho los favores		<br />
	que os devuelvo dichoso en este día.		<br />
<br />
<br />
	   Tú, Madre celestial, a cuyo manto		<br />
	se acoge el triste trovador sincero;	 <br />
	recibe con amor mi pobre canto.		<br />
<br />
<br />
	   Yo, en la empresa, feliz me considero;		<br />
	pues si pensé morirme al ver tu llanto		<br />
	eterna vida por tu llanto espero.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Bien hallados todos!]]></title>
			<link>https://sonett-archiv.com/forum/showthread.php?tid=8597</link>
			<pubDate>Sat, 11 Sep 2010 08:58:52 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://sonett-archiv.com/forum/member.php?action=profile&uid=1">ZaunköniG</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://sonett-archiv.com/forum/showthread.php?tid=8597</guid>
			<description><![CDATA[¡Bien hallados todos!<br />
<br />
<br />
	   Al volver al lugar de mis amores,		<br />
	tras una ausencia por demás penosa,		<br />
	me buscaron en turba presurosa		<br />
	deudos, amigos, siervos y señores.		<br />
<br />
<br />
	   Nunca pude esperar tales favores;	 	<br />
	jamás soñé acogida tan hermosa;		<br />
	hicieron de mi vuelta una gran cosa;		<br />
	¿dónde, cómo y por qué tantos honores?		<br />
<br />
<br />
	   Todos, cuál más cuál menos, ya en sencillas		<br />
	frases o ya entre rasgos de elocuencia	 <br />
	me dieron un saludo a maravillas.		<br />
<br />
<br />
	   Mas lo que me causó gran complacencia		<br />
	fue la banda de azules campanillas		<br />
	de mi balcón... temblando a mi presencia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[¡Bien hallados todos!<br />
<br />
<br />
	   Al volver al lugar de mis amores,		<br />
	tras una ausencia por demás penosa,		<br />
	me buscaron en turba presurosa		<br />
	deudos, amigos, siervos y señores.		<br />
<br />
<br />
	   Nunca pude esperar tales favores;	 	<br />
	jamás soñé acogida tan hermosa;		<br />
	hicieron de mi vuelta una gran cosa;		<br />
	¿dónde, cómo y por qué tantos honores?		<br />
<br />
<br />
	   Todos, cuál más cuál menos, ya en sencillas		<br />
	frases o ya entre rasgos de elocuencia	 <br />
	me dieron un saludo a maravillas.		<br />
<br />
<br />
	   Mas lo que me causó gran complacencia		<br />
	fue la banda de azules campanillas		<br />
	de mi balcón... temblando a mi presencia.]]></content:encoded>
		</item>
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